“UN DÍA EN DE LA FUNDACION DANILO PEREZ” POR ROMAIN DURAND

Hace más de 6 meses que tengo el privilegio de trabajar en compañía Alfaro como gerente de Marketing. Cada día conozco personas del mundo musical, productores, estudiantes y músicos, sin embargo nunca había podido trabajar con la fundación Danilo Pérez.

Por suerte, llegaron hace poco los instrumentos de percusión para niños de la marca Nino y enseguida pensamos en los alumnos de la Fundación.

Cuando llegué me di cuenta que no era una escuela como cualquier otra, pues es un lugar lleno de buena onda donde todos aprenden y comparten.

Empezó la primera clase con el profesor Gian Carlos Sinclair y seis alumnos, todos puntuales y con una sonrisa marcada en su rostro apenas cruzaron la puerta del salón, como si estuvieran en Disneyland. Saludaron directamente a Gian Carlos con un “high-five” y aprovecharon para contar sobre sus respectivas semanas en la escuela.

Gian Carlos empezó a tocar el piano con cuatros notas, fue muy emocionante para mí porque era una canción de niños que conocía en Francia, “Frere Jacques”, en español, “Campanero”. Todos entendieron lo que tenían que hacer. Una eligió el xilófono, otro unos bongós y el más pequeño una conga, siguieron el ritmo de la música con estas mismas notas, una simbiosis increíble de niños de entre seis y nueve años de edad.
Durante una hora, los niños tuvieron una concentración perfecta y una gran voluntad de hacer las cosas bien, se sentía que la música era algo totalmente lúdico para ellos, aprender y al mismo tiempo jugar.

La otra clase que tuve la suerte de observar era de niños, de entre ocho y trece años, con esa misma dinámica. Ahora el ritmo era diferente, más seco y alto. En esta clase de nueve alumnos todos tenían un instrumento diferente. Uno a las congas, otro la batería y los demás con panderetas y claves. Después de varios calentamientos musicales, se lanzaron a un concierto donde todos tenían su propio espacio. El resultado fue tremendo, un nivel de pequeños músicos más que aficionados.

Toda la mañana del sábado 17 de Junio fue perfecta, el hecho de madrugar valió la pena, pues fue un día sin igual con muchas alegrías y sonrisas. Los Alumnos tienen mucho crédito en este éxito, pero también el lugar, este viejo edificio colonial de piedra dentro el Casco Antiguo hace que las cosas tomen un sentido auténtico y verdadero. Debo admitir que me sentí en casa.

Mil gracias a todo el equipo de la Fundación Danilo Pérez por esta experiencia, por su amabilidad y sus consejos. Seguramente vamos a vernos muy pronto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *