HISTORIA DEL VIOLIN

El predecesor del violín fue un instrumento medieval llamado “fídula” o “viola de arco” que surge a partir del siglo IX-X d.c.; con el tiempo este instrumento se fue perfeccionando hasta llegar en el siglo XV a la “viola de braccia” en Italia, que dará lugar al violín.

Comparado con los instrumentos modernos, el violín antiguo tenía un mango más grueso, menos inclinado hacia atrás, un diapasón más corto, un puente más bajo y cuerdas hechas sólo de tripa. Los arcos antiguos eran algo diferentes en su diseño de los actuales. Estas características constructivas fueron modificadas en los siglos XVIII y XIX para producir un sonido más duro y brillante. Varios violinistas del Siglo XX han restaurado y empleado instrumentos del siglo XVIII por considerarlos más adecuados para interpretar la música antigua.

Uno de los más antiguos violines que se conocen se encuentra en el Ashmolean Museum de Oxford. Lo construyó el italiano Andrea Amati (1505-1580 aprox.) y está fechado en 1564.

En la antigüedad el violín no gozaba de muy buena reputación; se utilizaba para acompañar danzas o para doblar a las voces en la música polifónica. A comienzos del siglo XVII aumentó su prestigio al ser utilizado en óperas como Orfeo (1607) de Claudio Monteverdi, e impulsado por la orquesta del rey francés Luis XIV, “los 24 violins du roi”, formada en 1626.

A mediados del siglo XVIII era uno de los instrumentos solistas más populares de la música europea. También formaban la sección más importante de la orquesta, con más de la mitad de sus integrantes. En el siglo XX el violín alcanzó nuevos logros artísticos y técnicos con maestros como Isaac Stern, Yehudi Menuhin, Fritz Kreisler, Jascha Heifetz, Mischa Elman, Nathan Milstein, Joseph Szigeti y David Oistrakh.

Pese a las innovaciones musicales del siglo XX, el violín se ha mantenido como principal soporte de la música de conjunto e instrumento solista por excelencia su flexibilidad y amplia gama expresiva le han permitido adaptarse a todas las exigencias.

“El violín es, sin disputa, el más noble de todos los instrumentos inventados y construidos por el alma fáustica para poder declarar sus últimos secretos. Por eso los momentos más trascendentes y sublimes de nuestra música, los instantes de total transfiguración, se encuentran en los cuartetos de cuerda y en las sonatas de violín.” – Oswald Spengler.

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